LÁCTEOS SI, LÁCTEOS NO

ENTRADA Nº 17: LÁCTEOS SI, LÁCTEOS NO.

Hace pocos días una mamá me comentaba lo siguiente: “He decidido que preferiría que mi hija (de un añito) no consumiera leche animal, pero… ¿Cómo saber que después no voy a arrepentirme de haber tomado esa decisión? ¿Y si tiene carencias o problemas de desarrollo o crecimiento?”.

La pregunta no es ninguna tontería, porque es una duda que se me presenta cada vez con más frecuencia y porque da pie a hablar de muchas cosas, no sólo de alimentación. Pero intentaré expresarme sin  extenderme demasiado.

Lo primero que me viene a la cabeza al escuchar esta pregunta es la reflexión de por qué las personas (en particular las madres) dudamos tanto de lo que es mejor para nuestros hijos.

Personalmente considero que la mayoría de nosotr@s estamos tan desconectados de nuestro continnum humano (tomando el concepto propuesto por la antropóloga y terapeuta Jean Liedorff, la lectura de cuyo libro no nos cansaremos de recomendar y en el que se expone también que cada especie se desarrolla sabiendo sin atisbo de dudas cuál es el mejor alimento para ella y sus crías) que hemos perdido la guía interior (como el que pierde el GPS) para funcionar de forma natural como especie humana.

Hemos sido educados para desconfiar de nuestro sentir y conocimiento interior y para esperar una orientación por parte de aquello en quienes hemos delegado la sabiduría, el conocimiento y el poder: médicos, nutricionistas, terapeutas, sacerdotes, educadores, políticos…

Sin embargo el “conocimiento” de aquellos a quienes hemos investido de “sabios y poderosos” procede de fuentes muy variopintas y en la mayoría de ocasiones se contradice totalmente.  Por ejemplo: cada día se publican nuevos estudios (muy científicos) sobre las bondades de algunos alimentos (entre ellos los lácteos) y cada día se publican nuevos estudios (muy científicos) sobre los riesgos del consumo de algunos alimentos (entre ellos los lácteos).  ¿A quién creer entonces? ¿Cómo saber qué es lo mejor para nosotr@s y nuestr@s pequeñ@s?.

Para mi sólo hay una respuesta: ¡Escúchate! ¡Siéntete! ¡Experimenta en ti!

Si te tomas el tiempo de observar y sentir lo que te sucede y cómo te sientes al consumir determinado alimento… dispondrás de mucha información ya que el mismo alimento puede sentarnos estupendamente hoy y sin embargo nos sienta fatal mañana y quizá de nuevo nos vuelva a sentar bien 2 años después. O varía si lo tomo para desyunar o al final del día…

La información hoy día es fácilmente accesible. Si no consigues conectarte contigo y/o necesitas datos, estudios… para respaldar tu sentir… ¡adelante!. Busca y siente cómo vibra para ti cada información que recibes. La que va en un sentido y la que va en el otro. Pero atención, aunque pueda parecer un camino más fácil… a la larga puede pasarte como a mi, que te das cuenta de que supone un tremendo rodeo para llegar al mismo sitio: aquel en el que te escuchas y te permites sentirte a ti en el presente.  Algun@s necesitamos dar tremendos rodeos para ver las cosas más sencillas (me incluyo entre ell@s).

Independientemente de si decides seguir consumiendo lácteos de forma definitiva, de si decides consumirlos pero con moderación, de si decides que son fundamentales en tu dieta y no piensas dejarlos por nada del mundo… te invito a conocer los lácteos, yogures y quesos elaborados con semillas y frutos secos vitales, sencillamente porque… ¡están buenísimos!.

Y para animarte a probarlos te pego a continuación la receta del queso de untar (tipo philadelphia) que nos gusta mucho en casa. Y si ves que te gusta… anímate a probar otras combinaciones.

Para los que desean saber más en los talleres que ofrecemos te enseñamos a preparar gran variedad de lácteos sin leche NI SOJA. ¿Y por qué sin soja? Bueno, eso nos da para hablar otro día largo y tendido.

QUESO TIPO FETA A LAS FINAS HIERBAS

Para un quesito pequeño de unos 10 cm de diámetro.

250g de almendras crudas remojadas toda la noche. Aclarados y escurridos de nuevo.

1 cápsula de probióticos (L. Acidófilus)

2 cucharadas de levadura de cerveza desamargada. En copos.

1 cucharadita de zumo de limón

1+ 3 cucharadas de hierbas provenzales

Agua filtrada (con ósmosis inversa o carbono…)

Sal marina de Eivissa

Trapos de algodón tejido muy abierto o lino, colador de tela muy grande, o bolsa de colar leches vegetales.

Preparación:

En una procesadora potente (nosotr@s recomendamos la BLENDTEC) colocamos todos los ingredientes excepto el limón, la sal, la levadura y las 3 cucharadas de hierbas provenzales. Procesar con el agua imprescindible para poder remover la masa y que no queden trocitos, sino algo suave y homogéneo.

Colocar un colador metálico y encima el trapo de algodón o lino y verter el contenido en la tela que lo recogerá a modo de bolsita. Aguantar colgado con un cordel o sobre el colador, para que vaya escurriéndose el “suero” sobrante. (NO “ORDEÑAR” TODAVÍA). Permitir fermentar a temperatura ambiente de 8 a 16 horas (según la época del año), pero no más de 24h.

Pasado el tiempo deseado, podemos proceder a “ordeñar” la bolsita o atillo para acabar de extraer el máximo de líquido.

Extraer la “pulpa resultante” con su delicioso aroma ácido (tipo yogurt) con el resto de ingredientes: levadura de cerveza, sal y después de darle la forma deseada con un trapo o un molde, recubrir de hierbas provenzales espolvoreadas. Colocar en la nevera durante un mínimo de 8h, para que los sabores se unan.

Sevir con pan o crakers de lino, col rizada, rollitos de nori, pasta vital… ¡las posibilidades son infinitas!

 

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